Las campanas no son sólo para las iglesias, Yolanda Quiralte

jueves, 26 de abril de 2018

Título: Las campanas no son sólo para las iglesias
Autora: Yolanda Quiralte
Género: romántica contemporánea
Editorial: Esencia
Sinopsis:
Si estuvieras en el cine viendo el tráiler de una comedia romántica, ahora aparecería un comisario guapo, Víctor Albalate, también llamado Conan, una agente atolondrada, Diana Sierra, y hasta varias escenas con disparos incluidos. Pero, ¡ah!, estás con un libro entre las manos, y lo único que te queda es leer para averiguar por qué el comisario, un tipo duro y agresivo, consigue hacer temblar a Diana sólo con su voz y por qué, después de cada revolcón, ella no consigue evitar que él se esfume de su lado. Y, sobre todo, descubrir de dónde salen unas misteriosas campanas de chocolate.
Una novela romántica, desenfadada, actual, plagada de situaciones y de diálogos muy divertidos, y que te deja con una sonrisilla y un suspiro en los labios.

Ésta es la primera historia que leo de la autora y puedo decir que me ha parecido entretenida, una narración sencilla, una trama con algunos giros finales y unos protas con muchas idas y venidas que acaban teniendo sus porqués.

Diana es una agente de policía cuya primera escena en el libro es bastante cómica. Trabaja rodeada de hombres, son buenos compañeros, pero el comisario parece tenerle algo de manía, siempre la está gritando y ordenándole cosas de malas maneras. Como te decía, en esa primera escena va a conocer a Carlos, un hombre que está en su momento más bajo y al que ayuda. Esta buena acción tendrá sus consecuencias y este hombre se convertirá en una pieza importante para la trama.

Por otro lado está Víctor, el comisario, a quien conoces enfadado y que se pasa buena parte de la historia alternando miradas intensas y frases con significados velados que descuadran mucho a Diana. Tiene algunos momentos, sobre todo al principio, que creo que se pasa un poco, demasiados gritos en el puesto de trabajo que no vienen a cuento.

Hay mucha atracción pero casi podría decirse que existe flechazo, al menos por parte de Diana, porque cuando Víctor muestre sus cartas durante una breve fracción de segundo, ella empezará a sentir cosas que antes no sentía.

Las situaciones tensas entre ellos están servidas en el trabajo, pero no contentos con eso, una casualidad les hará pasar unos días de vacaciones juntos y será ahí donde salten más que chispas. Lo único malo es que Víctor, por la noche es uno, y a la mañana siguiente alguien totalmente diferente, lo que vuelve loca a Diana y la llevará a tomar decisiones al respecto, unas conscientes y otras dejará que él las dé por supuestas.

También vas a ver cómo las amigas de Diana, Mafalda y Verónica, avanzan con sus propias historias; en el caso de Verónica con un compañero de Diana con el que lleva años que sí, que no, y con Mafalda, que encuentra el amor en quien menos lo esperaba. Las conversaciones entre las tres son muy divertidas, tienen una confianza de años y eso hace que se conzcan bien unas a otras.

Como te decía es una historia que se lee muy rápido, hay casualidades más y menos afortunadas, el personaje de Víctor es el más misterioso y hasta el final no sabrás porqué se ha ido comportando de forma tan errática. Por su parte, Diana, es un personaje que se deja llevar a veces, pero otras se planta y es hasta cabezota. Todos los enredos que ocurren a lo largo de las páginas te hacen leer la historia casi del tirón, y aunque la trama no sea muy novedosa, sí entretiene. Podría ser una lectura ideal para este verano, de desconexión.

La historia está muy centrada en la relación de la paraja protagonista. El trabajo de ambos está en segundo plano, aunque en varias ocasiones, que son clave, se convierte en lo importante y que les pone en situaciones hasta peligrosas... ¿Te animas a descubrir para dónde también son las campanas?

2 comentarios:

  1. Muchas gracias por leer Las Campanaos no son sólo para las iglesias!!! Te mando un abrazo

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  2. Justo hoy me ha llegado el libro, así que no leo absolutamente nada que quiero ir a ciegas. Un beso, guapa

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